martes, 31 de enero de 2012


Cuando revisamos el tema de la Memoria, nos referimos a la Memoria sensorial, la cual consiste en representaciones de estímulos sensoriales brutos y se relacionan con su fuente sensorial. Como parte de este modelo de memoria, se han identificado la “Memoria Icónica” y la “Memoria Ecoica”, las cuales serán explicadas en el artículo que se expone a continuación.



Memoria icónica



Fue Sperling (1960) quien exploró más en detalle las propiedades de la memoria icónica mediante el uso del taquistoscopio y la técnica del informe parcial. Así estimó la capacidad de este registro sensorial visual presentando a los sujetos un estímulo compuesto por tres filas de cuatro letras durante cincuenta milisegundos, seguidas por un campo blanco y neutro, debiendo informar de las letras que figuraban en la línea señalada posteriormente por un sonido. Los resultados mostraron que los sujetos podían informar al menos de tres de las cuatro letras. Puesto que los sujetos no sabían previamente cuál era la línea objetivo se supone que debían tener disponibles tres letras de cada una de las líneas, por tanto un total de nueve ítems. Sperling interpretó que los resultados se debían a que los sujetos leerían las letras de la huella de memoria visual que les quedaba tras la presentación del estímulo, que decaería muy rápidamente. Variando el intervalo entre el final de la presentación de las letras y la presentación del tono que especificaba qué línea debían recordar estimó que la persistencia de la huella visual estaría en torno a los quinientos milisegundos.



Estas y otras investigaciones de Sperling (1963) sobre la persistencia de imágenes permiten inferir la existencia de algún almacén periférico bastante frágil desde donde posteriormente son transmitidas a un formato más duradero. Inicialmente hipotetizó que las letras serían leídas directamente de un código de respuestas motoras, aunque más adelante (Sperling, 1967) matizó la propuesta, a partir de los resultados que indican que los sujetos tienden a cometer más errores cuando el sonido del ítem que debían recordar era semejante al ítem correcto que cuando se asemejaban visualmente.



Estas evidencias de codificación fonológica llevarían más adelante a Baddeley y Hitch (1974) a proponer la existencia de un bucle fonológico, como una estructura de la memoria operativa. Por otro lado, investigaciones posteriores (Coltheart, 1983; Sakitt, 1976; Turvey, 1973) muestra que también parecen almacenarse atributos como el color, la forma o la dirección del movimiento en condiciones de improbable verbalización, lo que indicaría que la información icónica periférica se registra en un almacén visual adicional en lugar de superponerse directamente sobre un código lingüístico.



Mediante técnicas de enmascaramiento, Turvey (1973) demostró que la memoria icónica debía ser considerada como un almacenamiento que se produce en una serie de fases del proceso de percepción visual, y no tanto el producto de un simple almacén periférico pasivo. Estas distintas fases implicarían un almacenamiento periférico que registraría algo parecido a una post-imagen (Sakitt, 1976) y un segundo nivel menos periférico. Inicialmente se consideró que la información icónica se encontraría a un nivel de características físicas y por lo tanto podría considerársela como de naturaleza precategorial. Sin embargo, algunas investigaciones posteriores (Merikle, 1980; Duncan, 1983) parecen indicar que la memoria icónica incluye información categorial, lo que llevaría más a hablar de un registro perceptivo y no meramente sensorial.



Memoria ecoica

Como en el caso de la memoria icónica, hay evidencias que indican la existencia de un sistema de almacenamiento sensorial auditivo, que como la anterior duraría unos milisegundos, el tiempo suficiente para posibilitar el procesamiento de estímulos breves. El decaimiento de la memoria ecoica depende de las características físicas del estímulo: frecuencia y amplitud (tono e intensidad); y de su complejidad: tonos puros o compuestos. En el caso del habla la persistencia parece ser mayor que en otro tipo de sonidos. Guttman y Julesz (1963) encontraron que el sistema auditivo puede almacenar secuencias de al menos 250 milisegundos utilizando sonidos rítmicos. Darwin, Turvey y Crowder (1972) comprobaron mediante la técnica del informe parcial que los estímulos auditivos podrían permanecer hasta 2 segundos con estímulos verbales. Estas diferencias podrían indicar la naturaleza categorial de la información ecoica (Massaro, 1975), aunque como en el caso de la icónica todavía no está completamente establecido.



Las diferencias en el decaimiento, con tiempos de persistencia en algunos experimentos (Wingfield y Byrnes, 1981) de 2 hasta 6.4 segundos, llevan a pensar no en un almacén sensorial precategorial sino en una memoria perceptiva (a la que nos referiremos en el capítulo referente a la recuperación automática), tal y como propone Baddeley (1990) distinguiendo entre memoria perceptiva a corto y largo plazo, muy relacionada la primera con la memoria operativa.

Extraído de: http://psicologiadelamemoria.blogspot.com/p/memoria-sensorial-y-percepcion.html

La atención y concentración son procesos cognitivos importantes para el desarrollo de otros procesos tales como: aprendizaje, memoria, lenguaje, etc. Por tal motivo, innumerables estudios han buscado y buscan conocer nuevas técnicas y métodos que permitan entrenarlas. A continuación expondremos un artículo respecto a como la música estimula estas capacidades en los niños



LA MUSICA DESARROLLA LA CAPACIDAD DE ATENCION Y CONCENTRACION DE LOS NIÑOS

Después de la segunda mitad del siglo XX, la música comenzó a usarse como método terapéutico, gracias al descubrimiento de sus efectos en los temas afectivos y de atención. Los niños son ahora los más beneficiados.

Que un bebé escuche música desde el vientre y un papá procure cultivar en su hijo el gusto por la interpretación de un instrumento musical, no es un capricho. Pedagogos, psicólogos, otorrinolaringólogos y pediatras se han ocupado de investigar ritmos y melodías, y han encontrado importantes resultados en el desarrollo infantil.

Eduardo R. Hernández González, pediatra y terapeuta de la conducta infantil, escribió que a mediados del siglo XX un otorrinolaringólogo francés, Alfred Tomatis, inició una propuesta de rehabilitación dirigida a personas con dificultades auditivas o de lenguaje. “Su programa terapéutico consistía en la estimulación musical a través de escuchar piezas de Mozart y otros compositores clásicos, obteniendo cambios positivos en la rehabilitación del lenguaje”. Asimismo, el especialista elaboró un nuevo modelo de crecimiento y desarrollo del oído humano; ahí reconoció que el feto escucha sonidos de la digestión, los ritmos cardíacos y la respiración de la madre. Otros estudios se refieren a que, en 1993, la psicóloga Frances Rauscher y colaboradores de la Universidad de California publicaron los resultados obtenidos en una investigación realizada con grupos de estudiantes a quienes se les puso a escuchar durante 10 minutos una sonata de Mozart, logrando puntuaciones altas en las pruebas de habilidades, así como un incremento transitorio del cociente intelectual.

A este hallazgo se le llamó “efecto Mozart”. Según Hernández, estudios posteriores han demostrado que el escuchar música de Mozart desencadena cambios de conducta, afectividad y metabólicos, pero no significa que sean pequeños genios. De esta forma, Guillermo Félix Tejera, maestro de la Universidad Incca de Colombia, afirma: “Se ha demostrado que la música aumenta la capacidad, atención y concentración de los niños; mejora la habilidad para resolver problemas matemáticos y de razonamientos complejos; los introduce en los sonidos, significados de las palabras y fortalece el aprendizaje; estimula la creatividad y la imaginación, además de su progreso integral, al actuar sobre todas las áreas del crecimiento, y brinda la oportunidad de interactuar con otros pequeños y con los adultos.



EXTRAIDO DE: http://www.abcdelbebe.com/la-musica-aumenta-la-capacidad-de-concentracion-y-atencion-en-los-ninos

El mal de Alzheimer es una forma de demencia degenerativa que afecta la memoria, el pensamiento y el comportamiento. El siguiente artículo nos permitirá conocer el origen de este trastorno.



LA ENFERMEDAD DE ALZHEIMER

Aloysius Alzheimer o Alois fue un psiquiatra y neurólogo alemán que identificó por primera vez los síntomas de lo que luego se conocería como enfermedad de Alzheimer.

Corría el año 1901 cuando un día cualquiera llegó a la consulta de Alois Alzheimer en la Institución para Enfermos mentales y Epilépticos de Frankfurt una nueva paciente, Auguste Deter, de 47 años de edad. Estaba muy confusa, tenía evidentes problemas de memoria y un comportamiento extravagante. (La historia clínica de Deter apareció en 1995 en los archivos de la Universidad de Fráncfort, un archivo de 42 páginas con notas tomadas por el propio Alzheimer)

Los primeros síntomas de Deter fueron cambios en su personalidad, desorientación y unos fuertes celos hacia su marido “se iba de paseo con una vecina”, empezó a mostrar déficits de memoria hasta el punto en que no sabia orientarse en su propia casa, miedo ante la presencia de personas y familiares, ocultamiento de objetos que luego no era capaz de encontrar… Cada vez se encontraba más confundida, desorientada y con delirios.

En una de las entrevistas a las que fue sometida, Auguste hizo una parada y su rostro expresaba miedo, desconcierto, vergüenza… y dijo: “me he perdido”, lo más parecido a un autodiagnóstico que podría haber dicho.

Cuatro años después de sus primeras manifestaciones clínicas, en 1906, Auguste se volvió incontienente, apatica y no se levantaba de la cama. Murió en posición fetal a los 51 años de edad.

Alzheimer pudo reaizar un análisis post mortem del cerebro de Deter y encontró que había una atrofia generalizadade la corteza cerebral, muchas neuronas habían desaparecido y otras parecía que se encontraran llenas de una maraña de hilos o alambres, a los que se llamó ovillos neurofibriales. En los espacios entre las neuronas se encontraron unos depósitos con aspecto pegajoso, las llamadas “placas seniles”.

A partir de este momento fueron encontrando más pacientes de este tipo: con lapsos de memoria, problemas de concentración, pérdida de interés, desorientación…

Una nueva enfermedad sólo existe cuando tiene un nombre y en 1910 apareció la enfermedad de Alzheimer. Ésta enfermedad avanzó rápidamente por todos los países desarrollados a lo largo del siglo XX. Se calcula que en España afecta en mayor o menor medida a unas 800.000 personas y otras 200.000 podrían no estar diagnosticadas.

ARTICULO EXTRAIDO DE: http://psicologiaymente.com/trastornos/descubrimiento-de-la-enfermedad-de-alzheimer/