Cuando revisamos el tema de la Memoria, nos referimos a la Memoria sensorial,
la cual consiste en representaciones de estímulos sensoriales brutos y se
relacionan con su fuente sensorial. Como parte de este modelo de memoria, se
han identificado la “Memoria Icónica” y la “Memoria Ecoica”, las cuales serán
explicadas en el artículo que se expone a continuación.
Memoria icónica
Fue Sperling (1960) quien
exploró más en detalle las propiedades de la memoria icónica mediante el uso
del taquistoscopio y la técnica del informe parcial. Así estimó
la capacidad de este registro sensorial visual presentando a los sujetos un
estímulo compuesto por tres filas de cuatro letras durante cincuenta
milisegundos, seguidas por un campo blanco y neutro, debiendo informar de las
letras que figuraban en la línea señalada posteriormente por un sonido. Los
resultados mostraron que los sujetos podían informar al menos de tres de las
cuatro letras. Puesto que los sujetos no sabían previamente cuál era la línea
objetivo se supone que debían tener disponibles tres letras de cada una de las
líneas, por tanto un total de nueve ítems. Sperling interpretó que los
resultados se debían a que los sujetos leerían las letras de la huella de
memoria visual que les quedaba tras la presentación del estímulo, que decaería
muy rápidamente. Variando el intervalo entre el final de la presentación de las
letras y la presentación del tono que especificaba qué línea debían recordar
estimó que la persistencia de la huella visual estaría en torno a los
quinientos milisegundos.
Estas y otras
investigaciones de Sperling (1963) sobre la persistencia de imágenes permiten
inferir la existencia de algún almacén periférico bastante frágil desde donde
posteriormente son transmitidas a un formato más duradero. Inicialmente
hipotetizó que las letras serían leídas directamente de un código de respuestas
motoras, aunque más adelante (Sperling, 1967) matizó la propuesta, a partir de
los resultados que indican que los sujetos tienden a cometer más errores cuando
el sonido del ítem que debían recordar era semejante al ítem correcto que
cuando se asemejaban visualmente.
Estas evidencias de
codificación fonológica llevarían más adelante a Baddeley y Hitch (1974) a
proponer la existencia de un bucle fonológico, como una estructura de la
memoria operativa. Por otro lado, investigaciones posteriores (Coltheart, 1983;
Sakitt, 1976; Turvey, 1973) muestra que también parecen almacenarse atributos
como el color, la forma o la dirección del movimiento en condiciones de
improbable verbalización, lo que indicaría que la información icónica
periférica se registra en un almacén visual adicional en lugar de superponerse
directamente sobre un código lingüístico.
Mediante técnicas de
enmascaramiento, Turvey (1973) demostró que la memoria icónica debía ser
considerada como un almacenamiento que se produce en una serie de fases del
proceso de percepción visual, y no tanto el producto de un simple almacén
periférico pasivo. Estas distintas fases implicarían un almacenamiento
periférico que registraría algo parecido a una post-imagen (Sakitt, 1976) y un
segundo nivel menos periférico. Inicialmente se consideró que la información
icónica se encontraría a un nivel de características físicas y por lo tanto
podría considerársela como de naturaleza precategorial. Sin embargo, algunas
investigaciones posteriores (Merikle, 1980; Duncan, 1983) parecen indicar que
la memoria icónica incluye información categorial, lo que llevaría más a hablar
de un registro perceptivo y no meramente sensorial.
Memoria ecoica
Como en el caso de la
memoria icónica, hay evidencias que indican la existencia de un sistema de
almacenamiento sensorial auditivo, que como la anterior duraría unos
milisegundos, el tiempo suficiente para posibilitar el procesamiento de
estímulos breves. El decaimiento de la memoria ecoica depende de las
características físicas del estímulo: frecuencia y amplitud (tono e
intensidad); y de su complejidad: tonos puros o compuestos. En el caso del
habla la persistencia parece ser mayor que en otro tipo de sonidos. Guttman y Julesz
(1963) encontraron que el sistema auditivo puede almacenar secuencias de al
menos 250 milisegundos utilizando sonidos rítmicos. Darwin, Turvey y Crowder
(1972) comprobaron mediante la técnica del informe parcial que los estímulos
auditivos podrían permanecer hasta 2 segundos con estímulos verbales. Estas
diferencias podrían indicar la naturaleza categorial de la información ecoica
(Massaro, 1975), aunque como en el caso de la icónica todavía no está
completamente establecido.
Las diferencias en el decaimiento, con tiempos de
persistencia en algunos experimentos (Wingfield y Byrnes, 1981) de 2 hasta 6.4
segundos, llevan a pensar no en un almacén sensorial precategorial sino en una
memoria perceptiva (a la que nos referiremos en el capítulo referente a la
recuperación automática), tal y como propone Baddeley (1990) distinguiendo
entre memoria perceptiva a corto y largo plazo, muy relacionada la primera con
la memoria operativa.
Extraído
de: http://psicologiadelamemoria.blogspot.com/p/memoria-sensorial-y-percepcion.html